Los primeros dos errores cometidos al empezar a bloguear

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Aquí te cuento que:

Eso que al principio parecía sólo un pasatiempo se convirtió casi en un trabajo aunque nadie me quiera pagar por hacerlo. En realidad no importa; este blog me ha divertido mucho y me ha motivado realmente a escribir y a aprender. Y como bono, ya tengo cuatro cuentos completos en RantInElla.com y muchas otras historias que ya no viven como fantasmas prisioneros de mi cabeza. No me puedo quejar.

Luego de un buen tiempo—seis meses, más o menos— tratando de aprender el arte y ejercicio del blogueo, he adquirido un aprecio más profundo por la sabiduría popular. Me he dado cuenta que ésta no sólo sirve para socializar a los niños y a los adolescentes, también se puede aplicar a muchas otras cosas en la vida. Hoy, en específico, me refiero a ese dicho que dice: “Echando a perder se aprende”. ¡Qué oportuno! Despedazar cosas para entender cómo funcionan o despedazarse una misma incorporando lo que no sabe en un marco que contenga ese nuevo pedazo de ignorancia y lo pueda convertir en conocimiento adquirido. Pero todo ese concepto es demasiado destructivo para mí. El marco conceptual que yo prefiero cuando aprendo cosas nuevas es un poco más anglo-cultural. En inglés le llaman “trial and error”, que se traduce más o menos como “ensayo y error”, una forma un poco más caritativa de describir éste proceso. No se ha echado algo a perder si no que se ha realizado una iteración, un experimento que permite adquirir los datos necesarios para mejorar.

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¿Sentarse a escribir en la web todo lo que a una le pase por la cabeza?

Bloguear, bloguear. ¿Sentarse a escribir en la web todo lo que a una le pase por la cabeza? Se puede. Bueno, no todo, pero una buena parte. Luego están los detalles técnicos y logísticos; por ahí fue por donde empecé a patinar. Los pequeños errores cometidos fueron muchos pero insignificantes; los errores significativos se redujeron primordialmente a dos: expectativas y enfoque. 

El primer error que cometí fue subestimar la cantidad de tiempo y esfuerzo que me tomaría lanzar el blog. Hasta que no me involucré completamente con los detalles, no me estuvo claro todo lo que tenía que aprender y los obstáculos con los que me iba a encontrar. El segundo error fue más bien una debilidad (o fortaleza) de carácter: tener demasiados intereses y lanzarme entusiasmadamente detrás de todos ellos. Después de todo, el mundo está lleno de cosas interesantes en las que pensar: los libros, la ciencia, los extraterrestres, la historia, la magia, la filosofía académica y popular, la psicología, las plantas, los gatos y toda la gente que haciendo su vida normal se las arregla para parecer extraña. Como esos dos hombrecillos azules y marrones en el techo de la vecina. O su majestad, la gata realenga que me llama desde el frente de la casa para pedirme leche cuando tiene sed y que no come pescado enlatado. ¿Alucinaciones? A lo mejor, pero esos son cuentos para otro día.

 

Mi blog y mi ficción no son la misma cosa pero andan cogidos de la mano; intelectualmente, las cosas que afectan a uno a afectan a la otra, por lo menos en el centro de comando de mi cabeza. Yo he estado ruminando la idea de escribir libros por muchísimos años y por muchos años tuve libretas llenas de pedacitos de cosas que nunca fueron a parar a ningún lado, excepto esporádicamente, al zafacón. El blog fue una cosa que no había considerado anteriormente por que yo nunca me había puesto a leer uno, y aunque sabía de la existenciade la “blogósfera”, eso para mí tenía menos sustancia que la materia oscura o un universo paralelo. Tanto así que una vez, cuando una amiga me sugirió que hiciera un blog de mis viajes, pensé: “¿Y a quién carajo le podría interesar eso? Mis pocas amistades pueden conversar conmigo y enterarse fácilmente de todo lo que quieran.” ¡Para que ustedes vean que hasta personas maduras pueden ser inocentes! Ahora entiendo muy bien que a casi nadie en éste mundo, por más que diga que te aprecia, le interesa conversar. Lo que todo el mundo quiere es que tú los entretengas, sin mucho que pensar ni mucho que invertir. Y aunque tu persona real no tenga colores brillantes, ni gifs, ni luces que parpadean en navidad, cuando apareces en el mismo medio que los memes de Harry Potter, ¡ostia!, tienes que ser algo interesante. O al menos esa es la teoría; más te vale que aparezcas por lo menos con musiquita o con una cabra.

“Un blog,” me dije. “La idea no está mal, y así tengo un sitio donde expresarme ante el mundo. Es como casi como comprarse un megáfono.”

 

Como decía, que el blog y la ficción de Roxanna cojean de la misma pata: dejarlo para después, planificarlo mejor, pensarlo. Pensar en algo, soñar con algo con intensidad no es lo mismo que alcanzarlo. Algunas veces, la sabiduría popular es poderosa, otra veces es pura fantasía.—¿Pura o puta fantasía?—Como esas pequeñas citas fáciles que dicen que uno debe seguir sus sueños, o tener paciencia y sus sueños se harán realidad. ¡Esas son tonterías! Los sueños no se hacen realidad por ellos mismos; una los hace realidad trabajando, persistiendo, pero sobre todo, aprendiendo. Uno se cree que volar en la vida cotidiana es tan fácil como lo es en la imaginación, es simplemente cuestión de tiempo para memorizar los rudimentos del vuelo. Pero volar, como escribir no es nada fácil y se necesita, a parte del talento, tiempo y conocimientos, dos cosas más importantes que todo lo anterior: disciplina y obstinación. Eso descubrí el día que, llena de inspiración, compré un dominio web (RantInElla.com), busqué un slogan que me pareció apropiado y gracioso (“Cuando la vida te da cebollas”), y me dije, “Mañana voy a publicar mi primer blogpost.” 

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Más te vale que aparezcas por lo menos con musiquita o con una cabra.

Asi pasaron casi tres meses.

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No todo fue vagancia, las razones para el retraso fueron varias, desde triviales hasta desconcertantes. Primero, lanzar un blog, aunque sea uno de diseño muy sencillo, no es difícil pero tiene una serie de pasos a seguir que son indispensables. Esos pasos vienen con instrucciones casi a prueba de tontos excepto que son en el idioma misteriosos de los nerds de la internet, y si uno no domina bien ese lenguaje es bastante difícil descifrar las instrucciones. Así pasé más o menos tres semanas aprendiendo qué es un “webcrawler”, un “widget”, un “pluggin”, que tu proveedor de “web platform” no es el mismo que tu “web hosting service” aunque lo pueden ser si tú quieres, que te conviene tener un “anti-spam pluggin”, una cuenta autenticada de “google analytics” y que si quieres programar en http es mejor tener “WordPress pro” que la versión gratuita.—Todavía no se lo que es “programar en http” pero me las he arreglado hasta ahora. Espero nunca tener que aprender eso porque suena bastante complicado.

 

¿El segundo obstáculo en el camino de mi blog de ensueño? El mismo que para la próxima gran novela contemporánea: generar contenido original. En principio uno puede pasarse medio día en la internet y recoger fotos, opiniones y artículos de otras fuentes sin ningún problema, siempre y cuando se evite el plagio al proveer referencias y adjudicar créditos apropiados. Pero si mi propósito fuera simplemente repetir lo que otros dicen sin ninguna aportación intelectual de mi parte, no tendría que gastar dinero ni tiempo, para eso tengo mi página de Facebook. Y darle click a FB, aunque divertido, no te hace escritor, mucho menos original.

 

Hay una cosa graciosa que le pasa a mucha gente que aspiran a ser escritores, se mueren por escribir pero se avergüenzan de lo que escriben. Nunca nada está bien y libre de errores; nunca nada es suficientemente bueno como para compartirlo con el mundo. Y así pasan épocas enteras de la vida acumulando pilas de libretas llenas de poemas, cuentos y novelas sin terminar. Eres el gato literario de Schrödinger; mientras nadie lea lo que escribes, eres y no eres simultáneamente una gran escritora. Afortunadamente, la historia literaria está llena de escritores famosos que pasaron por esas épocas y vivieron para contarlo; literalmente. Mi favorito es Marcel Proust, que escribió una colección de seis novelas, “En busca del tiempo perdido,” describiendo hasta el más mínimo detalle de las pendejadas—voy por la última de las novelas y me consta que son pendejadas—en las que pasó su vida antes de dedicarse por fin a escribir. Proust publicó sus chismes e impresiones y es famoso hasta el día de hoy, más de cien años después. ¡Viva Proust! Algún día yo también publicaré mis chismes y la gente me admirará por ello.Todavía no pierdo la esperanza.

 

Eso que al principio parecía sólo un pasatiempo se convirtió casi en un trabajo aunque nadie me quiera pagar por hacerlo. En realidad no importa; este blog me ha divertido mucho y me ha motivado realmente a escribir y a aprender. Este blog, enfocado a obligarme a escribir y a entretenerme en algo positivo durante mi tiempo de crisis, me ha divertido mucho y me ha motivado a aprender algunas cosas interesantes. Ahora me doy cuenta que debí planearlo mejor y tener varios ensayos listos antes de ocuparme de todo lo demás. Después de todo, tener una página web bien linda con fotos maravillosas de Puerto Rico y algunas otras—no tan maravillosas—de Qatar no es lo único que se requiere para lanzar un blog o escribir un libro.

 

De todas formas he sobrevivido, llena de dudas, estos primeros seis meses y he logrado escribir algunas cosas y ponerlas en línea. ¿Y ahora qué? Pues ahora a lo siguiente: a seguir buscando el significado profundo de la vida, a seguir escribiendo, a seguir aprendiendo cosas nuevas, a continuar soñando y dejar que los sueños le sirvan de combustible a mi viaje creativo. Mi primer cuento completo“Lizard-Monkeys” ya está disponible en mi blog, RantInElla.com.—¡Qué nervios! ¡Y qué felicidad tener un cuento completo! Es como ver a tu primer hijo tratando de aprender a caminar, a veces alegría, a veces miedo.—Mientras tanto, seguiré escribiendo a ver qué pasa. A lo mejor no pasa nada, a lo mejor pasa algo bueno y quizás, si soy valiente, algún otro de mis sueños se haga realidad.